Es interesante constatar el importante papel que tuvo (y tiene) el Derecho Romano en la formación de diversos sistemas jurídicos modernos, un impacto que puede predicarse incluso respecto de países que no forman parte de Europa continental. En efecto, buena parte de la historia de la codificación sólo se comprende si se conoce, por lo menos superficialmente, las fuentes del Derecho Romano y sus características más saltantes. Así, al conocer la atención que los juristas alemanes del siglo XIX dispensaron al Derecho Romano se comprenderá por qué en la codificación germana se toman ciertas decisiones y por qué, en su momento, tales decisiones causaron severos cuestionamientos de parte de los germanistas, quienes criticaban justamente el abandono de sus tradiciones.

Con cargo a explicar en otra oportunidad las peculiaridades del pandectismo alemán, deseo subrayar que la aparente amplitud de la afirmación con la que inicié estas líneas se ve circunscrita, si es que no ratificada, cuando uno analiza cómo el Derecho Romano se abrió paso hasta Japón. A manera de ejemplo, al evaluarse las reformas implementadas durante la restauración Meiji (1868-1912) se percibirá los intentos de los políticos japoneses por lograr la modernización de su país luego de un largo período de aislamiento, fruto de la política internacional del régimen Tokugawa (1603-1868). Naturalmente, el Derecho no permaneció al margen de la tendencia modernizadora que experimentó Japón durante la segunda mitad del siglo XIX.

La actualización del Derecho en Japón corrió a cargo de un jurista francés, Gustav Emile Boissonade de Fontarabie, quien vivió en Japón desde 1873 hasta 1895. A tal académico se le invitó a impartir conferencias de Derecho Penal y Constitucional en Japón, pero su participación fue tan celebrada que se le extendió una invitación para asesorar al Ministro de Justicia. En tan extenso período, Boissonade dirigió las labores que resultaron en el proyecto de Código Civil. Como es fácil de intuir, el documento redactado tenía una evidente influencia francesa.

Sin embargo, casi en paralelo, en el propio Japón un grupo de académicos tuvo como principal encargo la preparación del Código de Comercio. Curiosamente, en tal norma se manifestó una fuerte impronta germánica.El conflicto advertido sumado a otros adicionales, generó un debate sobre la conveniencia de promulgar dos cuerpos normativos tan vinculados pero cuyas fuentes eran muy disímiles. Finalmente, en el campo de la política, el proyecto de Boissonade fue rechazado; esto significó la oportunidad para preparar un Código Civil en el que se siguieran los lineamientos del BGB, oportunidad que no fue desaprovechada. De esta manera, a causa de la elección de una legislación con visos alemanes y por la atención dispensada a la historia del Derecho occidental, el Derecho Romano se abrió paso en Japón. Esto no hace más que confirmar la importancia del conocimiento de aspectos históricos, así como de los “préstamos” entre sistemas jurídicos.

En efecto, como no es desconocido, un sistema jurídico puede “influir” o “inspirar” a otro, a causa del prestigio anexo a sus construcciones en general (o a algunas en particular). Si uno se encuentra al tanto de estos datos tendrá herramientas útiles para la comprensión de figuras individuales o de ramas enteras; pese a que me he limitado a recordar datos de la evolución del Derecho Japonés, los potenciales usos que pueden darse al análisis histórico, excede en mucho a lo que puedo explicar en pocas líneas. Por tal motivo, dejaré aquí la explicación de los métodos aludidos, pues serán analizados más adelante.