legal-transplantsResulta complicado no hacer referencia, explícita o implícitamente, a la comparación jurídica durante el dictado de ciertos cursos. Hablamos de comparación jurídica cuando reconocemos que nuestro Código Civil imitó (o intentó imitar) íntegros pasajes del Codice Civile, cuando citamos la autoridad de académicos extranjeros para sugerir las bondades de una solución o cuando nuestro Tribunal Constitucional se remite a las sentencias de sus pares en otros sistemas. El principal inconveniente de esta aproximación reside en que impide al estudiante reconocer que está ante un método y no ante una exhibición de erudición.

Desde hace varias décadas se admite que uno de los principales motores de la adaptación jurídica es la importación o el trasplante de productos jurídicos. Ahora, ¿qué se entiende por trasplante o importación jurídica? Sencillo, la peruanísima práctica de tomar una regla, doctrina o decisión jurisprudencial extranjera para luego trasladarla a nuestro sistema jurídico, ello con la esperanza de replicar los beneficios exhibidos por el producto importado en su sistema de origen. Este tipo de práctica denota dos cosas: (i) la debilidad de ciertas culturas jurídicas y (ii) cuan díficil es innovar, incluso en el campo jurídico.

Naturalmente, no basta conocer la regla… debemos adaptarla. En términos llanos, el sistema importador tiene que atravesar un proceso de preparación destinado a minimizar la posibilidad de que el trasplante sea rechazado en el campo aplicativo o, peor aún, que ocasione inconvenientes en su interrelación con otras figuras. Hay una complicación adicional, ¿qué producto jurídico foráneo debe importarse? Para responder a esta pregunta tendría que profundizar en el método y a su vez incluir debates sobre la eficiencia económica implícita al trasplante, aspectos que por el momento dejaré en el tintero.

Lo que sí me interesa resaltar es que, sin saberlo, se nos ha entrenado a prestar atención a los sistemas foráneos. No es gratuito que los materiales de enseñanza de muchos cursos se encuentren plagados de autores extranjeros y que en los textos nacionales el autor de turno preste gran atención a la doctrina foránea. Curiosamente esta tendencia tiene un efecto positivo: estamos mejor capacitados que otros sistemas para el estudio de la comparación jurídica pues no tenemos un rechazo hacia los productos extranjeros, ni pensamos que esta atención es una abdicación de la propia cultura jurídica; reacciones típicas de sistemas jurídicos autorreferenciales. No niego que esta apertura tiene un lado negativo: en estricto, carecemos de una cultura jurídica propia. Sin embargo, esto es algo que puede subsanarse, fruto del esfuerzo de académicos, profesionales y estudiantes… y algo en esa dirección se ha avanzado.

Si a alguien le interesa este debate les recomiendo consultar una lectura de Alan Watson que lleva por título Legal trasplants and European private law. La trascendencia de Watson al interior de la comparación jurídica resulta enorme, al punto que es uno de los dos principales promotores de la corriente difusionista apenas comentada (el otra es Rodolfo Sacco). Si bien admito que sus enfoques han sido vivamente cuestionados, siempre se encontrararán referencias a sus obras en toda investigación que use a la comparación jurídica como método de análisis o como materia de estudio.